Seis mujeres, seis. El jueves 9 de febrero saltarán al ruedo, al grito de "¡Toro, Toro!", y empezarán a remover el pasado. A desenterrar los restos fósiles de la memoria. A recorrer 80 años de la historia de España (1932-2012) centrándose en el olvido de las víctimas del franquismo.
Por seguir con las expresiones taurinas -aquello de "si la autoridad y el tiempo lo permiten"- diremos que la autoridad sí lo permite -y lo aplaude-, y que el diluvio estuvo a punto de aplazar la faena. Pero no.
Y es que el jueves se estrena una obra de teatro contundente: Granos de uva en el paladar. La plaza de toros de esta corrida será una de primera categoría por su dedicación al teatro con contenido, a teatro en serio, cada vez más ausente, pareciera, de la calle Corrientes: el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini" (Av. Corrientes 1543, 21h) .

Sin plumas, ornatos ni vedetongas, por lo tanto: un escenario despojado y -precisamente por ello- [impacta]nte.Mucho rojo. Rojo "como vómito de sangre" de la mano del escenógrafo Alejandro Mateo. El vestuario, de la mano de Néstor Burgos, incluye en su sencillez un solo complemento que da un juego sorprendente (cuerda, fusil, hábito de monja, traje de reclusa…). Todo, en definitiva, para no despistarse en detalles: importan el texto -magnífico- y el gesto.
Seis actrices, seis, que adoptan múltiples personajes sin caer en estereotipos. Lo que Edward M. Forster (Aspectos de la novela) llamó "personajes redondos". Porque personajes planos no hay. Hay Campesinos. Suegras que exigen nietos. Militares fusil en ristre. Monjas que administran una cárcel de mujeres. Señoritos falangistas. Milicianas que seducen. Esposas que deciden aprender a escribir. Un adolescente homosexual (Miguelito, sin duda un guiño a Miguel Hernández) que todavía no parece saber que lo es. Todos sutiles, intensos, sin caer en lo fácil y ofreciendo un retrato excelentemente documentado de la historia reciente de España en referencia a la guerra, la memoria y las mujeres. Ellas, esas seis actrices, seis, provienen de diversas ganaderías, si se me permite: tres madrileñas, dos andaluzas y una catalana. Todas más bravas que un Mihura cuando suben al escenario. Y si no, vean: ellas son Arantza Alonso, Lucía Andreotta, Marta Cuenca, Clara Díaz, Suace Ena y Ruth Palleja. Se puede ver parte del largo proceso de creación y ensayos de la obra en este BLOG.
Aparece en escena la ley del divorcio que la República-a la vanguardia de los derechos de la mujer- aprueba en 1932 y el régimen del dictador Franco derogará siete años después, devolviendo plena vigencia a los matrimonios disueltos. Aparecen cifras, fechas y testimonios reales sin que resulte ni mínimamente forzado: en Granos… toda la dureza de la historia llega al espectador sin palabrerío panfletario ni muestras de didacticismo. Se ve, se escucha, se intuye, se interpreta la naturalidad del gesto, la transparencia y sinceridad con la que las co-autoras y co-directoras (al alimón, como dicen los taurinos), Susana Hornos y Zaida Rico, supieron mostrarse también en el pre-estreno para la prensa.
En definitiva, una visión distinta, comprometida -con la verdad- de la España profunda, la España lorquiana -imposible no usar el adjetivo- y la que vino después: la que olvidó la guerra y con ella a sus víctimas en fosas comunes. Y una prueba de cómo dotar de contenido a un teatro conjugando arte y compromiso sin caer panfletos. Si algo consigue esta obra, si algo han conseguido Zaida Rico y Susana Hornos, es demostrar que la calle Corrientes puede brillar sin lentejuelas. Ni traje de luces.
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